By: joelabonia On: noviembre 24, 2016 In: MAS Comments: 0

Sí, suena muy coloquial, callejero, o hasta chistoso; pero es que si leemos éste pasaje en nuestro contexto, sonaría muy parecido.

El día que supe de esta historia, me encantó, pasó a ser una de mis favoritas historias de la Biblia; en parte porque un día, un ministro de Dios proclamó esta Palabra sobre mí, y por otro lado, porque realmente es espectacular lo que pasó en este relato, que me dejó asombrado; ambas razones sembraron algo en mi vida.

La historia de la que hablo se encuentra en 1 Samuel 14 (claro que para entenderlo mejor, hay que leer desde el capítulo 13). En resumidas cuentas, el pueblo de Israel, bajo el reinado de Saúl, pretendía enfrentar a los filisteos, pero estos, en una jugada astuta, los fueron sitiando y despojando de armas y posibilidades, al punto que los valientes soldados israelitas tuvieron que esconderse en cavernas. Pero, peeero (gracias a Dios, en Él, los “peeero” son maravillosas sorpresas), Jonatán, un hijo del rey Saúl, salió intrépidamente con su escudero a buscarle pelea a los filisteos, y esta fue la conversación:

“Jonatán le dijo al joven que le ayudaba a cargar su armadura: —Ven, acompáñame al otro lado. Vamos a acercarnos al ejército de los filisteos. Aunque somos pocos, con la ayuda de Dios los vamos a derrotar. Su ayudante le respondió: —Haga usted lo que mejor le parezca. Por mi parte, yo lo apoyaré en todo.” (1 Samuel 14:6-7; TLA)

No sabemos quién fue más loco, si Jonatán que se le ocurrió ir y meterse en la boca del lobo, o su escudero, que, como diríamos, le dijo: “¡listo mijo!”

Les queda de tarea leer todo el capítulo, se darán cuenta que este par de personajes, iniciaron una carnicería de filisteos, la Biblia dice que hicieron gran estrago en el campamento filisteo. Tan intrépidos eran, que trepaban los peñascos matando a sus enemigos, los que Jonatán tiraba, su escudero los remataba. Lo sé, es una historia sangrienta, pero llena de adrenalina y osadía. Aunque, al punto al que quiero llegar, es que este par, confiaban el uno en el otro, y más aún, confiaban en Dios, conocían muy bien al Dios en el que creían; no les importó los obstáculos, el desafío; no se dejaron amedrentar aunque el glorioso ejército se escondía en cuevas. Podríamos entender que Jonatán dijo: ¡vamos, arriesguémonos, tal vez Dios nos sorprenda, pero aun si no, si vamos a morir, que muramos, pero muramos con honor!

Tal vez hay metas, sueños en tu corazón que se ven muy distantes, imposibles; pero, como dice Hebreos 10:39, (…) Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

¡Anda!, ¡corre!, arriésgate, no sabes si Dios te dará una gran victoria con tan pocos recursos, Dios desea hacer grandes cosas contigo, hoy Él te está proponiendo: “¡Andrés, Manuel, María, (tu nombre), camine, vamos!”, y está esperando que tú le correspondas diciendo: “¡Listo, hágale!”.

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