By: joelabonia On: junio 16, 2016 In: MAS Comments: 0

EL HORNO TE ESPERA

Si leíste el capítulo anterior, es posible que hayas notado que algunas de las propiedades afloran más en ti, bien sea la dureza o la tenacidad; y hasta es posible que dijeras, “bueno, ¿no hay remedio para mí?, si soy muy duro, ¿cómo puedo ablandarme?, si soy demasiado tenaz, ¿cómo puedo adquirir algo de dureza? La respuesta es SI, sí hay maneras de lograr ambas cosas, pero, el proceso, tal vez no te guste mucho.

Un acero es una aleación entre, normalmente, hierro y carbono, además de otros elementos, como el cromo, vanadio, níquel, entre otros. Pero aquello que hace acero al acero, es el carbono. Según su concentración obtendremos aceros duros o tenaces, y todo debido a la estructura molecular que forma el carbono dentro de la estructura molecular del hierro. Ahora bien, todo acero es sometido a un tratamiento térmico que le da ciertas características necesarias para su uso, y en tales tratamientos, el acero se calienta a una temperatura especifica en donde la estructura molecular del carbono se reorganiza, se concentra, aflora, dando las características necesarias. A este proceso de reorganización se le llama Cambio de fase.

En esta ocasión, quiero hablarte de tres tratamientos térmicos, que te ayudarán a comprender muchas cosas.

Templado: consiste en calentar el acero (aproximadamente 800-900ºC) y enfriarlo súbitamente en agua o aceite; esto eleva la dureza del acero. Aceros de alto carbono no se pueden templar, de lo contrario, se fracturan por su elevada dureza.

Cementación: se calienta el acero (entre 800-900ºC) junto con químicos que añaden carbono a la superficie, de manera que es duro en la superficie y blando en el núcleo. Apto para aceros de bajo carbono.

Recocido: se calienta el acero (entre 550-650ºC), se deja reposar en el horno durante 3-4hrs, y luego se enfría lentamente, de manera controlada. Esto, con el fin de disminuir la dureza, pero también, aliviar tensiones por el trabajo, o por el mecanizado que le dio forma.

¿En qué situación te encuentras hoy?, ¿necesitas dureza?, el horno te espera; ¿estás cansado, estresado y cuando oras notas que todo se pone más caliente, en vez de aliviarte?, tal vez Dios te está “recociendo”. Sea lo que necesites, lo encontrarás en el horno, en el fuego de la presencia de Dios, pues allí, toda tu estructura, tu ser, aflora como el carbono, se reorganiza, se concentra para cumplir el propósito de Dios en tu vida.

“Queridos amigos, no se sorprendan de las pruebas de fuego por las que están atravesando, como si algo extraño les sucediera”. (1 Pedro 4:12, NTV).<

 

Fabian&Jonathan

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