By: joelabonia On: agosto 25, 2016 In: MAS Comments: 0

DE VUELTA A CASA

El tiempo pasa volando, hace unas semanas mis ilusiones estaban por los cielos, pero al llegar el momento de la realidad, todas las ilusiones se cayeron y quedó mi dura realidad, un intento fallido tras otro, para mí un total fracaso. Como te contaba la semana pasada, llegaba el momento de volver a casa, intenté aplazarlo lo más que pude, hice mis planes para quedarme hasta la clausura, también para encontrar un momento de escape, de olvidar esta realidad que todavía pesa. Es domingo, todavía no le he dado la cara a mi entrenador, y la verdad he preferido estar solo, pensar y pensar, recordar en mi cabeza momento por momento, los puntos en los que fallé, las claves que tenía pero en el momento justo olvidé; y es que, perdóname que te saque del tema, es algo que me pasa siempre, es difícil para mí superar mis errores, es difícil entender que el tiempo pasa y que ya no se puede hacer más, pero bueno.

Estando aquí, en la clausura, trato de disfrutar los momentos, sonrío como si hubiera ganado muchas medallas o roto marcas olímpicas, pero es simplemente mi máscara, mi manera de ocultar el dolor que siento dentro, mi corazón roto en mil, por fallarme, y fallarle a tantos que esperaban mucho de mí. La clausura se pasó muy rápido, en realidad no la pude disfrutar, no estaba ahí, en realidad mi mente estaba en mis días de competencia, repitiendo cada intento fallido, y recordando que pronto debía estar de vuelta a casa, no quería, deseaba que esos momentos fueran eternos, que no tuviera que regresar a mi casa, mi realidad, tenía miedo de estrellarme, aunque sinceramente tenía la ilusión de recibir todo el apoyo de mi familia y mis entrenadores. Pensaba que ellos más que nadie sabrían lo difícil que es estar acá y la presión que se siente y entenderían mis fallas, en fin.

Llegó el día, siendo lunes, no quería despertar, no solo por ser lunes, sino porque sabía que el día había llegado, debía estar de vuelta a casa, así no quisiera. Lo bueno es que mi entrenador no viajaría conmigo, seguiría solo, justo como quería. Me despidió Rio con un día hermoso, no había tenido un día tan lindo en todos los juegos, tal vez era la señal de que todo estaría bien, suspiré y subí al avión, empecé a sentir como todo se removía dentro de mí, sentía como, despacio, las lágrimas empezaban a acercarse a mis ojos, queriendo salir, reprimidas desde aquel día y como una manera de expresar toda la presión que está dentro mío, “de vuelta a casa”, pensé y sin duda tuve mi expresión más triste desde que tengo memoria, pero sin dejarlas salir, no podía permitirme demostrar todo lo que había dentro de mí, es solo mío.

Llegué al aeropuerto, obviamente nadie me estaba esperando, nadie sabía que llegaba, además no había sido uno de los ganadores. Llegué como uno más, uno de los muchos que entran y salen, sin ser vistos o recordados, porque simplemente no nacieron para eso, o “nací para eso”, empecé a recordar, momento a momento de mi vida, cómo en cada lugar había sido uno más, esforzándome por ser reconocido, sin lograrlo, por supuesto.

Ya no podía esconderme más, mi entrenador y mi familia supieron de mi llegada. La verdad ha sido uno de los momentos más difíciles, me explicaba a mí mismo, pensando en qué decir cuando tuviera que hablarles y darles la cara. Pero todo eso fue en vano, no llegó ese momento. Con mi llegada simplemente noté todo diferente, la verdad esperaba más, suelo ser algo iluso, algo imaginativo. Mucho silencio, aunque sus caras me decían mil cosas, y lo más triste es que yo entendía cada cosa que estaban pensando, mi familia estaba totalmente decepcionada, ¿Qué pasa contigo? ¡No recuerdas quiénes somos? Una tímida sonrisa se asomó a través de mis labios. No aguanté más, me fui, me fui llorando; corríamos, mis lágrimas y yo, simplemente expresando lo que estaba dentro, ¡No pude hacer nada!, me reclamé. “¡Por qué tuve que intentarlo? Era mejor cuando no hacía nada, no decepcionaba a nadie, al menos”, pensé en voz muy alta.

Al siguiente día, no quería saber nada de nadie pero, ¿Imagina quién llegó? Sí, mi entrenador. ¡QUÉ?, me sorprendí. No me dijo una sola palabra, solo me abrazó, muy fuerte. Mi entrenador ha sido como mi papá y me ha ayudado mucho (eso último ya te lo había dicho). No me resistí y empecé a llorar, como un niño pequeño cuando se cae y se golpea, e intenta aguantar el dolor, pero su papá viene a abrazarlo y sale todo lo que estaba reprimido. De los mejores momentos de mi vida, alguien que por fin me entendía, o así me sentí. No me dijo nada, no me reclamó ni me regañó. Hablamos durante bastante tiempo, todos estos días, y hasta hoy, bueno en realidad no han sido muchos días pero, fue él quien me motivó a escribir hoy, no quería hacerlo, después de todo esto sentía que también estabas decepcionado de mí, por escuchar todo lo que me pasó.

En mis charlas con él obtuve mis mejores enseñanzas, pude ver todo desde una perspectiva diferente y entendí muchas cosas, pero quiero resumirte en este mensaje. No quiero que me leas como un motivador, sino como un amigo como alguien que pasa por lo mismo que tú y que por eso tiene la cara para decir “te entiendo, continúa”, aquí va:

Los juegos son un momento de la vida, por lo menos eso fueron para mí. Los momentos pasan, como pasó el mío. Tal vez tú te preparaste mucho y te sentiste como yo, listo para enfrentar el mundo, pero no estamos listos. ¿Por qué? Porque me faltaba perder, por lo menos a mí, me faltaba saber lo que es caerse y caerse duro, golpearse tan fuerte que parece que has muerto y, ¿Para qué? Para que sepas que debes levantarte, algo muy lindo que me dijo mi entrenador es que cuando yo estaba aprendiendo a caminar, al igual que tú, me caí muchas veces; algunas veces, me golpeé suave y otras muy fuerte, pero hoy camino, bastante rápido por cierto, y lo hago porque seguí, porque no me quedé en el piso, mi papá me ayudó a pararme y a volverlo a intentar. Así que si te caíste tan duro como yo pues, ¡qué importa? Todavía puedes pararte. Entonces levántate y vuelve a empezar.

Aquí inicia nuestro sueño nuevamente, el mío tardará un tiempo en volver a repetirse de esta manera, los juegos son cada 4 años como ya sabes. Pero desde hoy empiezo mi preparación, porque quiero estar listo. Estos juegos me enseñaron que estoy hecho de oro, no por una medalla, las medallas no te hacen de oro; tu carácter, tu valentía, tus cualidades, tus defectos, tú, eso te hace de oro. Así que de vuelta a casa aprendí que siempre tengo a alguien que me escuchará y me apoyará, mi entrenador, él es el mejor. Sé que tú también tienes tu entrenador o tu padre, así que ánimo y recuerda…

TÚ, por ser TÚ, ¡Estás hecho de oro! Vuelve a casa e inténtalo otra vez, sin miedo 😀

 

#JuevesDeBlog

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